4M: Polarización, populismo y democracia

MIKEL ETXARRI

En la historia reciente de nuestra democracia, hasta la actualidad, sería impensable que una moción de censura en la Región de Murcia fuese a propiciar un adelanto electoral en la Comunidad de Madrid. Un proceso anómalo e incomprensible a partes iguales, si bien, una vez conocida a la presidenta de la región más rica de España, todo parece cuadrar.

De Murcia a Madrid

Hace poco menos de dos meses, todo saltó por los aires. El calendario electoral del 2021 era un oasis de paz para la política española. Después de años de consecutivas citas electorales, el presente se mostraba diferente. En el momento de hacer política – y no electoralismo – parecían volver a florecer las ideas y acciones que volviesen a poner en el centro de la problemática a los ciudadanos. Nada más lejos de la realidad. El 10 de marzo PSOE y Ciudadanos presentaban en Murcia una doble moción de censura para desbancar al Partido Popular del gobierno de la región y de la capital. Alegando vigentes casos de corrupción, Ciudadanos miró a su izquierda para ser, por una vez, lo que siempre pregonó.

Esa misma mañana, el terremoto político, con epicentro en Murcia, se extendía por todo el territorio nacional español para poner en jaque a los gobiernos de otras comunidades autónomas. Las ondas sísmicas de este terremoto golpearon con fuerza la Comunidad Autónoma de Madrid. Isabel Díaz Ayuso, presidenta de Madrid, aparecía en medios de comunicación para anunciar un adelanto electoral que muchos, hoy en día, siguen sin entender.

¿Adelanto o moción de censura?

El embrollo jurídico comenzó cuando Más Madrid y el Partido Socialista presentaron mociones de censura contra la todopoderosa Ayuso. ¿Qué fue antes, el adelanto electoral o el registro de las mociones? Tras que la mesa de la asamblea madrileña admítase a trámite las mociones de censura, cuatro días más tarde, el 14 de marzo, el Tribunal Superior de Justicia de Madrid desestimaba los recursos para la suspensión de la convocatoria electoral. De esta manera comenzaba a ponerse en marcha la maquinaria electoral con cita el 4 de mayo, casualmente (o no) coincidiendo con un martes laboral.

De esta manera, Isabel Díaz Ayuso ya tenía lo que anhelaba desde que llegó al poder hace dos años: ampliar su mayoría parlamentaria y dejar fuera del gobierno autonómico a Ciudadanos. A posterior se ha sabido que Ayuso ya había contemplado antes esta estrategia, y que en reiteradas ocasiones había consultado con la cúpula del partido, denegada hasta ahora.

Campaña y candidatos

Los principales candidatos a presidir la Comunidad de Madrid empezaron a perfilarse. Ayuso, como no podía ser de otra manera, repetiría por el Partido Popular. Más Madrid anunció que su candidata sería Mónica García, apostando por un perfil que defendiese los servicios públicos. El PSOE apostó de nuevo por Ángel Gabilondo, ganador de la anterior cita electoral en 2019, queriendo de esta manera acaparar el centro político y moderado, claramente vacío y huérfano con la desaparición de Ciudadanos de la asamblea, según apuntan todas las encuestas. Justamente, Ciudadanos, daba un golpe sobre la mesa anunciando un candidato nuevo: Edmundo Bal. Una apuesta personal de Inés Arrimadas, que intenta de esta manera reflotar el barco que parece que vaya a ser tarea imposible.

La mayor sorpresa la protagonizó Unidas Podemos. Las primeras encuestas también dejaban fuera de la asamblea a la formación morada. Es entonces cuando Pablo Iglesias anunció que dejaba la vicepresidencia del Gobierno para ser el candidato más escorado a la izquierda. Un movimiento político con una doble lectura. Iglesias ya percibía el fin de su mandato al frente del movimiento que comenzó en 2015. De esta manera iniciaba un proceso de relevo de la manera más natural posible, haciendo que Yolanda Díaz asumiese el liderazgo de Unidas Podemos en el gobierno de coalición. Por otro lado, Iglesias acudía al rescate de su formación en la Comunidad de Madrid, a que no se extinguiera al igual que Ciudadanos. Es decir, Iglesias vino a morir matando.

Comunismo o libertad

La campaña se vislumbraba con dos bloques claramente diferenciados, al igual que lo estaba la sociedad madrileña. La polarización social y política ha sido la tónica en una campaña marcada por la bronca y el insulto. La misma Ayuso, de manera más trumpista, ya diferenciaba entre buenos y malos con su eslogan comunismo o libertad. Y es algo que ha mantenido hasta el último día. Reencarnando la política populista, Ayuso hacia ver como héroes a todos ellos que iban en contra de lo que anunciaba el Gobierno central, mientras que acusaba de desertores a quienes querían terminar con su Madrid.

La polarización ha llegado a extremos inimaginables en democracia. La candidata Monasterio, del partido ultraderechista VOX, elevaba el tono contra menores no acompañados con campañas discriminatorias, vejatorias y falsas. Incluso aniquilaba del juego político a sus contrincantes, algo que, desde luego, carece de sentido democrático.

Amenazas

Sin embargo, lo indeseable llegó en mitad de campaña. Cartas con amenazas de muerte y con balas o navajas tenían como destinatarios a ministros, candidatos a la presidencia, u otros cargos públicos. La condena absoluta por parte de la izquierda – que no por parte de la derecha – presentó otra encrucijada: democracia o fascismo.

En mitad de este ruido, las propuestas y estrategias para alzarse con la victoria quedaban en el olvido. El Partido Socialista intentó en un principio acaparar el voto de Ciudadanos, copiando la estrategia que funcionó en Cataluña. Con un discurso muy moderado, centrista, el PSOE no entendía que el perfil del votante de Ciudadanos no era el mismo en Cataluña que en Madrid. En las elecciones catalanas el eje principal era independencia sí o no, mientras que, en Madrid, al carecer de ese sentimiento identitario – que sin embargo Ayuso ha perfilado, a la madrileña – el voto de Ciudadanos bebe básicamente del descontento al Partido Popular. Una estrategia que abandonaron según avanzaba la campaña electoral.

Mientras, Más Madrid se ha hecho con la bandera de lo público y Unidas Podemos ha centrado su campaña en movilizar el voto en las zonas obreras. Por su lado, Ayuso se ha reafirmado en su papel de líder y se ha lanzado a por el voto atrapalotodo. De la manera más populista, aunque eficaz, parece absorber casi todo el voto a Ciudadanos, parte de VOX, incluso un significante porcentaje del electorado de izquierdas.

Gobierno de derechas

Las encuestas vaticinan una victoria de la derecha. Sin mayoría absoluta de ninguna formación política, el Partido Popular y Ayuso ganarán el 4 de mayo las elecciones, rondando el 40% de los votos y llegando a una horquilla de entre 56 y 60 diputados. Si los pronósticos se cumplen, VOX rondaría los 10 diputados, y en este caso, la derecha sumaría mayoría absoluta y gobernarían la Comunidad de Madrid. Ya han manifestado en reiteradas ocasiones que no tendrían reparo en pactar un gobierno.

No obstante, según las encuestas, la izquierda sigue manteniendo una de cada seis opciones para lograr mayoría absoluta. El PSOE sería el partido líder en la izquierda, rondando el 20% del voto y obteniendo aproximadamente 30 diputados. El Partido Socialista, que encadena una tendencia negativa en las últimas semanas, empeoraría sus resultados en favor de Más Madrid, que incluso podría llegar al 16% de los votos y oscilar entre 18 y 25 diputados. Por su parte, Unidas Podemos dejó atrás el peligro de estar cerca del 5% (barrera electoral para conseguir representación en la asamblea) y las encuestas le dan un promedio de un 7.5% de los votos y cerca de los 10 diputados.

Abstención y voto indeciso

El resultado, aunque favorable para Ayuso, será una incógnita hasta el día de las elecciones, y dependerá principalmente de la participación y la movilización del voto en las zonas sureñas de la Comunidad. Además, aproximadamente el 30% del electorado manifiesta que aún no ha decidido su voto, que principalmente afecta a la izquierda: la derecha posee una mayor fidelidad y movilización del voto que el bloque izquierdista.

El 4 de mayo se sabrán los resultados de unas elecciones regionales que para muchos supone un plebiscito. La izquierda, más cerca que nunca de dar un vuelco a las encuestas y terminar con 25 años de gobiernos del PP, tiene poco que perder. Sin embargo, el Partido Popular se juega todo en esta cita electoral: podría perder su último bastión, y esto pondría en jaque la continuidad de Pablo Casado al frente de su partido.