Ciudad de méxico: la realidad entre el coronavirus y la pobreza

Niños en CDMX

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 Por Fredy Pastrana Trejo, sociólogo

La realidad en un barrio perfiférico de Ciudad de México: pobreza y covid-19

«Guarda tu sana distancia, ponte el cubre boca, ese puesto no puede estar aquí, puta madre…”. Eso es lo que escuchaba mientras caminaba por un tianguis (mercado tradicional) en una de las colonias más pobladas de la CDMX, ubicada en Iztapalapa. En ella habitamos aproximadamente 67,000 personas, que en promedio, cuentan con 8 años de educación formal; algo así como estudiar 3 años de preescolar y 5 de primaria. Crónica de la pobreza y su convivencia con el coronavirus.

ALGUNOS DATOS

La colonia tiene una extensión de 200 hectáreas aprox. con un total de 467 manzanas que frecuentemente son mencionadas en la nota roja. Por este motivo fue de las primeras en contar con la Guardia Nacional en el 2019. La estadística menciona que la “Desarrollo Urbano Quetzalcóatl” es de alta marginalidad, o mejor dicho en términos generales, se refiere a aquella parte de la población que como característica de su inserción inestable e insegura en la estructura ocupacional cuenta con los niveles de vida e ingresos más bajos, por lo tanto es casi imposible que obtenga un crecimiento económico sostenible

Años atrás se inauguró un lugar recreativo al que nombraron Cuauhtémoc, fue el primero en toda la zona, la noticia se consideró tan importante que el periódico El País realizó una nota que tituló: Un parque en el infierno. El parque ayudó a disminuir la violencia, aportando un área verde común, que después del temblor de 2017 fue acondicionada como escuela, hoy en día ha recuperado su función principal y en el futuro será vecina de uno de los medios de transporte más vanguardista; el Cablebus.

Niños en la periferia del volcán Xaltepec tapan baches para recibir remuneración económica por parte de los automovilistas que circulan por la zona
Niños en la periferia del volcán Xaltepec tapan baches para recibir remuneración económica por parte de los automovilistas que circulan por la zona

coronavirus

En este contexto transita el coronavirus, que hasta el 4 de mayo, ha dejado 2.271 personas fallecidas y 24.905 casos confirmados a nivel nacional de los cuales  CDMX  ocupa uno de los 3 primeros lugares  en contagios con una tasa de 66.67 casos por cada 100 mil habitantes. (A día de hoy, 26 de mayo, los confirmados ascienden a 70.000)

En la “Desarrollo” el coronavirus pasa a segundo término, en general los locales comerciales siguen abiertos, los medios de transporte que cruzan la colonia con rutas importantes como “San José Buenavista-Constitución de 1917” se siguen viendo saturadas en horas pico. La población generalmente recibe una remuneración económica por su trabajo diario, no tienen seguridad social, no gozan de un sueldo fijo y por supuesto, pertenecen a esos más de 30 millones de mexicanos que se emplean en el sector informal.

Transporte de pasajeros que atraviesa la colonia
Transporte de pasajeros que atraviesa la colonia

Aseguran que es más fácil morir de una bala perdida que de COVID-19

Durante el día se observa a mucha gente que no le teme a la infección, comentan que es un plan del gobierno para desestabilizar el mundo, son mentiras, es simple, ellos no pueden quedarse en casa porque le temen más al hambre que al “bicho ese”. Aseguran que es más fácil morir de una bala perdida que de COVID-19. Esto a veces es CDMX: pobreza.

Y claro, no es de extrañarse que el hambre sea el motor de sobrevivencia de este sector de la sociedad, viven al margen de los privilegios del poder quedarse en casa. Cuando se habla de sobrevivencia se entiende que el primer derecho a la vida es el de comer cuando se tiene hambre, aunque este derecho está negado por aquellos que entre cortinillas de buenos samaritanos justifican su protección  pidiendo a los pobres que se cuiden, usen cubre bocas y dicen comprenderlos.

Fotografía tomada desde un transporte público local conocido como “Moto Taxi”. La calle que se observa es Villa Frati
Fotografía tomada desde un transporte público local conocido como “Moto Taxi”. La calle que se observa es Villa Frati

Pacto social

En este punto el pacto social entre la minoría de los que más tiene y la mayoría de los más carece de lo necesario para sobrevivir se equilibra en políticas públicas que hoy procuran sostener una inminente crisis económica  y social. Como ejemplo, la alcaldía Iztapalapa ha creado un plan permanente de abasto de agua potable que es suministrado por pipas, estas realizan un recorrido por los domicilios llenando cubetas, tambos y cisternas. Sin agua no se puede combatir al coronavirus. Pobreza.

Sin agua no se puede combatir el coronavirus

La dinámica social de la colonia sobre el coronavirus transcurre entre la información de cadenas de Whatsapp o Facebook así como lo que escucharon del vecino   y lo que se menciona en los noticieros de la televisión pública. Se habla de hospitales saturados, sin embargo, los vecinos más atrevidos van a mirar a través de la reja del hospital de la “Voca 7”, se asoman, no observan nada fuera de lo común, ven gente esperando, cosa normal para un hospital.

Vista hacia la colonia Desarrollo Urbano Quetzalcoatl desde el Cerro de la estrella (Iztapalapa)

Dinámicas de información en medio de la pobreza

En Facebook circula un video donde se muestra la desesperación de un grupo de personas por tener datos de su familiar hospitalizado en Las Américas del IMSS (Instituto Mexicano del Seguro Social). En la grabación se ve como entran por la fuerza, llegan a la morgue y abren bolsas con cadáveres. La reacción de quien graba es de espanto, ubica a su familiar muerto y comienza la catarsis por encontrar respuestas, siguen su travesía por el hospital, culpan al personal médico de “inyectar” a su familiar para matarlo, comentan que el virus no existe, piden respuestas, no comprenden que el COVID-19 es una enfermedad que de no tener los cuidados necesarios es letal. Ahora son un foco de infección mientras dejan sembradas muchas dudas en la opinión pública.

¿Existe el COVID-19?

El video reforzó  las ideas de que el virus no existe y se suma a otro temor en el que algunos habitantes comentan su desconfianza por ir al IMSS si presentan síntomas, no quieren que les extraigan el líquido de las rodillas. Para los más informados esta  aseveración podría ser absurda, pero en un lugar en el que la estadística menciona que la educación formal no rebasa ocho años, se entiende que existe analfabetismo, por lo tanto, la comprensión de ciertos eventos sociales se limitan a nuestros saberes más próximos. Y esto mismo sucede con cada sector social menos o más afortunado en la medición de la pobreza.

Vista hacia San Lorenzo Tezonco desde el volcán Xaltepec ubicado en los límites de la colonia Desarrollo Urbano Quetzalcoatl
Vista hacia San Lorenzo Tezonco desde el volcán Xaltepec ubicado en los límites de la colonia Desarrollo Urbano Quetzalcoatl

Realidades individuales que se disipan colectivamente

Estas opciones de entender la realidad concreta son mediadas por todos los factores sociales que se entrecruzan en las realidades individuales y se disipan colectivamente, hoy esa realidad comprende la fortuna, la salud y la libertad. Los pobres piden la libertad de trabajar, Charles Fourier  en sus ensayos mencionaba al referirse al trabajo que: “Las escrituras nos dicen que Dios condenó al primer hombre y a su posteridad a trabajar con el sudor de su frente. Pero no nos condenó a ser privados del trabajo del que dependen nuestras existencias”, es decir, el trabajo en cualquiera de sus manifestaciones latentes es el motor de toda economía, sobre todo de la estabilidad social y ve en ella la base de su supervivencia.

SUPERVIVENCIA frente a la pobreza

Dicha supervivencia implica conservar la vida en un momento de peligro. La mayoría de vecinos no tiene miedo a morir o al menos eso dicen, hacen comparaciones con la violencia, con la incertidumbre o sus posibilidades de morir frente al coronavirus, lo cual consideran muy poco probable, ya que de acuerdo al Gobierno Federal la curva de contagios ha disminuido. Sin embargo, las cifras oficiales  ponen a Iztapalapa como un alto foco de infección con defunciones que van en aumento. Las personas de mayor edad, creyentes católicos en su mayoría, dejan su vida a la voluntad de Dios, ya que consideran que si enferman o mueren solo él puede decidirlo, para ellos ya es un ciclo que así tenía que ser.

Hoy la muerte por COVID-19  ha remarcado dos escenarios que si bien ya existían no eran analizados en la vida cotidiana tan profundamente: morir en casa o en el hospital.

La muerte: pobreza y soledad

Pocas veces se nos enseña que a diario lidiamos con la muerte, la medicina moderna ha hecho esto aún más invisible ya que la esperanza de vida comparada con la de hace cien años hoy es más alta. Solemos recurrir a la medicina para evitar este momento, no obstante, hay tiempos en el que no es suficiente y morimos, tal vez en un hospital en compañía de un familiar o solos. En cambio morir en casa la mayoría de las veces implica hacerlo de la manera más dulce posible en compañía de nuestros seres queridos. 

Carrosa fúnebre ingresando a la calle donde habito. Ayer 4 de mayo una vecina falleció las causas aparentes fueron no ligadas a Covid 19. Los vecinos no pudimos asistir al funeral por motivos de seguridad.
Carrosa fúnebre ingresando a la calle donde habito. Ayer 4 de mayo una vecina falleció las causas aparentes fueron no ligadas a Covid 19. Los vecinos no pudimos asistir al funeral por motivos de seguridad.

Eutanasia social en la pobreza

Hoy la pandemia nos enseña que estas dos opciones están ligadas profundamente a una cuestión de saturación de unidades médicas que se suma a la correlación de la irresponsabilidad individual por no quedarse en casa y por contar con enfermedades crónicas que la mayoría de veces la sociedad asume que son culpa del individuo por no cuidar su cuerpo. Lo anterior es la exculpación de un sistema social que asumirá que la letalidad de esta pandemia creció o decreció por las voluntades individuales, convirtiéndose así en una eutanasia social.

Vecino de la colonia  rumbo a rellenar sus garrafones en la planta de agua potable.
Vecino de la colonia rumbo a rellenar sus garrafones en la planta de agua potable.

Lo anterior no significa que la pobreza disculpa las imprudencias que cometemos, no obstante sí condicionan la interpretación del mundo y la forma en que  se enfrentan las crisis ya se sea en la pobreza o en la riqueza. Lo mismo vemos en Ecatepec, o en Motozintla, Chiapas donde un grupo de personas se manifestó frente a  un hospital que trata enfermos de coronavirus o paradójicamente en Santa Fé.  Es una de las zonas de mayor opulencia en la CDMX, donde un enfermo del virus fue rociado con blanqueador clarasol por sus vecinos argumentando que así evitarían infectarse. Como vemos la ignorancia es más paetente cuando se trastoca nuestro estado de confort y hoy más que nunca cuando la idea de morir es el tema sobre la mesa.