Lo que vendrá

COVID19

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Son muchos, 45 días en la sombra –en la mejor de las situaciones futuras–, como para volver a ser los que éramos y lo que éramos. No hay un estado de alarma, hay un cambio de paradigma, una nueva forma de comprender las sociedades. Hemos entrado en un nuevo espacio de entendimiento. Las redes sociales son el campo de la batalla obrera y también el campo de la batalla no obrera, pero, sobre todo, el campo de batalla de los que nunca han pisado la calle. ¿Son los grupos de WhatsApp los nuevos sindicatos? ¿Llevan siéndolo años? ¿Hemos dicho ya que no a la democracia? Ah, ¿que nunca dijismo que sí?, ¿nosotros? ¿Se ha acabado el rito cuasisatánico de procesionar muertos y estatuas de estos? ¿Fueron las pasadas las últimas navidades del capitalismo? ¿Volveremos a vernos? ¿Qué queda del cuerpo humano? Ya no existen las sociedades, existe La Sociedad. Lo que vendrá.

NO HAY ERA POSCOVID-19

La era preCOVID-19 nos cuesta volver a recordarla y lo hacemos con la vagancia de quien no anhela más que la cotidianidad. Pero antes del estado de alarma existía excepción, y esa excepción en la era antes del coronavirus, es lo que, algún día, deberíamos anhelar con la fuerza de una Revolución. La era posCOVID-19 nos es difícil de concebir porque ya es hoy. No hay más transformación, no hay escalonamiento inverso, no hay progresión. Este es nuestro Nuevo Mundo. El tacto ha quedado abolido, la distancia, también. Nunca seremos otros.

Hemos aceptado que el matonismo que existía antes –y que ahora se evidencia– por parte de las fuerzas de seguridad del Estado, es parte de la nueva-y-vieja normalidad. El superpoder no lo da un uniforme, no lo da el shock, lo hemos entendido: lo da la legitimidad para acabar con la normalidad. Pero ya no existe excepción. Apalizar a un insurrecto que sale de casa poniendo en peligro a toda la nación no es excepción. Salir a pasear al perro cinco veces más de las que necesita no es excepción. Preguntémonos si existen limites en esta era posCOVID-19. Contestémonos que no. O somos objetores de conciencia o somos objetores de conciencia, el resto sería rechazar lo que somos. Lo que vendrá.

Nuevo paradigma

Hay ovnis en el cielo, que ni son ovnis ni drones del Gran Hermano, son Elon Musk. (o eso dice Vice aquí). Eso y que ahora podemos pararnos a mirar por la ventana y no, no forma parte de la excepción. Se nos ha extirpado la normalidad de la anormalidad social.

Dos policías apalizando a un chico que se reconoce incapacitado en Bilbao La Vieja es una imagen de hace unos días que pudiera ser una imagen de hace dos meses, dos años o dos décadas. Es algo que no ha cambiado. Dos porras trabajando y curtiendo el cuerpo de una madre que defiende a su hijo en Bilbao. Dos cuerpos (de policía) aplastando a un joven motorista en Barcelona. Militares en las calles. Esta es la nueva normalidad. El tacto ha quedado abolido. La distancia, también. Deberemos entender que si se nos ha arrancado el tacto, si se nos ha robado la excepción, si la distancia ya no existe, no existe para nadie. Tú serás tan dócil como yo.

No podemos salir a la calle. No podemos salir de las redes. Los bulos serán penados. Un tuitero será llamado a declarar. Lo veremos justo, equilibrado, claro: ha jugado con la salud de todos. Queremos docilidad porque ahora somos todos dóciles por miedo a la indocilidad de quien tiene el mando.

Represión en Bilbao, represión en Barcelona, represión en Murcia. El tacto ha sido abolido. La distancia, también. No habrá un nosotros mañana. Somos lo público que ha sido expropiado. Esto es lo que queda de hoy. Bienvenidos a la nueva era: ni tacto, ni distancia, ni excepción, ni normalidad. Echemos de menos el viejo capitalismo asesino de las sociedades antiguas de hace dos meses, que asesinaba igual que el de hoy, pero con las calles llenas.