No podemos respirar

George Floyd

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Arden las calles de Minneapolis y de Estados Unidos. El asesinato de George Floyd a sangre fría por un policía, Derek Chauvin, ha reavivado el conflicto racial que nunca se solucionó en Estados Unido. La viralidad del vídeo, sumado a la toma de las calles y los disturbios, ha fijadolas miradas en Minnesota y la gestión de Trump.

Imágenes que bien podrían ser del final del “Joker” de Todd Phillips, pero que para nada corresponden a la obra de un psicópata que ha disparado a un presentador de late night en directo. El fuego y los disturbios corresponden a un grito desesperado de población afroamericana, que después de liberarse del esclavismo y otras violaciones de los derechos humanos, no lo ha tenido nada fácil.

Figuras

65 años han pasado desde el «¡Basta!» de Rosa Parks desde la primera fila del autobús, negándose a ceder el asiento. 57 años del “I have a dream” de Martin Luther King Jr, donde soñaba con un futuro en armonía entre blancos y negros. 55 años de el asesinato de Malcom X al grito de «¡Negro!, quita las manos de mi bolsillo» y el sueño parece seguir siendo una pesadilla.

Hace 31 años que lloramos la muerte de Radio Raheem asfixiado por la policía en “Do the Right Thing” del aclamado director Spike Lee, un suceso “ficticio” que no puede ser más real. Radio Raheem es la cara (al menos cinematográfica) de todos y todas las jóvenes afroamericanas asesinadas por tener la tez distinta, el nombre que agrupa a todos los nadie, las invisibles. Un país que mientras idolatra a Michael Jordan, Muhammad Ali, Will Smith, Beyonce o Rihanna, pisotea a su población afroamericana, ya que si bien el color es un factor, la clase es otro.

Justicia

Este año se estrenó “Queen & Slim” en cines y al salir de la película mi madre me comentaba que no le había gustado el final que era muy triste, la cinta terminaba con un tiroteo (más bien ejecución) a dos afroamericanos desarmados, a lo que yo le conteste “pues como en la vida, no siempre todo termina bien” y si bien es cierto, no nos podemos resignar y conformarnos con finales trágicos, hay que pelear por lo que parecen utopias y de pelear saben (y sabemos) un rato.

Y es que no se trata de que finalmente hayan detenido al policía, acusado de asesinato, hecho que ha sido gracias a los disturbios y no a que la justicia sea imparcial (apunte importante), ni se trata de comparar detenciones de blancos y negros (reprochado que a los blancos se les trate como a personas), se trata de que no ocurra, de que no haya padres enseñando a sus hijos como sobrevivir a una detención, se trata de que la el color de piel no sea sentencia y de que una detención no te cueste la vida.

Justicia para George Floyd y todos los compañeros. Que la tierra os sea leve.