El balconing y la cloaca: mil maneras de morir en España

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Estaban dos niños traviesos, uno más que el otro, dos niños despiertos y traviesos, jugando un sábado en la sala de juegos de la mansión de Estoril que poseían sus padres. Estaban jugando a ser gánsteres con una pistola calibre 22, gánsteres practicando la puntería. Dos niños normales, solo un poco traviesos, haciendo tiempo antes de la cena. De repente uno de ellos, que pasaría a la historia por ser el rey de una España polvorienta, dispara a bocajarro en la cara de su hermano. Eran gánsteres jugando, pero uno de ellos tuvo más puntería que el otro. El que sobrevive, por selección natural, -obsérvense las teorías darwinianas- es Juan Carlos I de Borbón, tiene 18 años y se ha tirado al suelo gritando que ha sido un accidente. El que muere, es Alfonsito, ya no tiene 15 años, ha caído al suelo y nunca podrá testificar sobre sí mismo.

Más de 63 años después, la Universidad en nombre del monarca ya emérito, la Rey Juan Carlos, lamenta la muerte de uno de sus catedráticos en Derecho Constitucional: Enrique Álvarez Conde. El profesor fue el director de máster de Cristina Cifuentes, que tras el escándalo y tras haber sido procesado por posible falsificación de actas, se había acogido a su derecho a baja médica por su estado de salud. Su muerte se fundamenta en un cáncer de pulmón. El catedrático denunciaba presiones por parte de la Comunidad de Madrid.

Por cierto, esto ocurre tras un tenso diálogo entre Pablo Iglesias y Ana Pastor en ‘El Objetivo’ de LaSexta, donde el primero deja entrever que la cloaca sigue funcionando con el Gobierno de Sánchez. El ministro Grande-Marlaska, aseguró con mucha prisa, justo la mañana siguiente que «ya no existen las cloacas en el Ministerio del Interior».

En la Universidad Rey Juan Carlos también obtuvieron sus titulaciones el gran líder del PP, Pablo Casado, y la ya ex ministra del PSOE Carmen Montón, por cierto.


Y es que a Aznar nadie la aguanta la mirada

Miguel Blesa fue hallado muerto en una finca dedicada a la caza en Córdona. El ex presidente de Caja Madrid fue encontrado con un tiro en el pecho. Un ejecutivo con un grado alto de poder gracias al empuje de nuestro Putin ibérico, hablo de José María Aznar. Un alto ejecutivo imputado a seis años de cárcel por las ya en el olvido Tarjetas Black de las que hacían uso para pagar el pan, el alquiler, el caviar y el champán.  Y es que a Aznar nadie la aguanta la mirada. Uy, ¿y por qué no se investigó más?

María José Alcón murió también en extrañas circunstancias. Se precipitó desde una terraza. Había sido edil del PP en Valencia y se encontraba Imputada en el caso Taula. Alcón era vicealcaldesa de Rita Barberá, que fue hallada sin vida en otras extrañas circunstancias silenciadas. ¿Qué pasó entonces? Los más cautos dijeron lo que la propia autopsia había revelado: cirrosis hepática. Otros dijeron que fue un infarto. El hígado es el corazón de muchos, dejémoslo aquí.

Pero no queda ahí la perturbadora historia de las entrañas de un Estado con mercenarios a sueldo campando por las suites más lujosas de los hoteles más caros de este nuestro querido país. Estos son algunos nombres más de aquellos que rellenan las listas de fallecidos tras ser vinculados con la corrupción: Juan Pérez Mora, Isidro Cuberos, Antonio Pedreira, Francisco Yáñez, María del Mar Rodríguez Alonso, Francisco Sánchez Arranz, Leopoldo Gómez o José Martínez Núñez.

El balconing y la cloaca: dos de las causas de muerte más extrañas que se dan en esta España maloliente.

Del mismo modo que el supuesto homicidio de Alfonsito fue silenciado por el Régimen franquista, todos estos apellidos han quedado olvidados en las investigaciones policiales y tienen una nimia cobertura mediática.