Los años 80 en Euskadi: ETA, drogas, punk y fútbol

AÑOS 80 EN EUSKADI

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Un artículo de Asier Cosgaya

El coronavirus ha paralizado todo. Incluyendo, por supuesto, el deporte. El día 18 se iba a disputar la final de la Copa del Rey entre la Real Sociedad y el Athletic Club. Un partido entre dos equipos euskaldunes, verdaderos históricos del fútbol español. Dos clubes en los que, a pesar su actual estabilidad en la élite decorada con puntuales éxitos, sus aficionados recuerdan la agitada década de los 80 como su última y particular “belle époque”.

Los 80 fueron los años del final de la Transición y de la Movida madrileña, sí. Pero también los del plomo, la guerra sucia, la heroína, la desindustrialización o el punk. Euskal Herria, en concreto, vivía con crudeza la cara más negativa de aquella época. Un cóctel de factores sociales, económicos y políticos explotaban en unos años que se recuerdan lluviosos.

Por una parte, el descontrolado ascenso demográfico producido durante las anteriores décadas daba pie a una evidente superpoblación y una gran desorganización urbana. Por otra, el proceso de desindustrialización -notable en zonas con importante industria pesada, como la ría del Nervión- generaba desempleo, precariedad y conflictividad social. Además, por si era poco, la recién estrenada democracia convivía con los años más sangrientos de la banda terrorista ETA y la represión policial.

El fútbol, por goleada

Sin embargo, gran parte de la sociedad vasca disfrutaba de un motivo de felicidad comunitario: el fútbol. Este evento alcanza dimensiones superiores a la meramente deportiva en lugares como Gipuzkoa o Bizkaia. Los clubes de cada provincia, Athletic Club y Real Sociedad, más que simples equipos de fútbol, se conciben como símbolos de sus respectivas identidades.

Nadie en Gipuzkoa desconoce apellidos como los de Zamora, Satrústegui, López Ufarte o Arconada. Son ellos, entre otros, los estandartes de la plantilla que logró el primer título de liga para la Real Sociedad. Fue en la temporada 80-81 –mientras el sector más reaccionario del Ejército se veía representado por el intento de golpe de Antonio Tejero- y de la manera más épica, verdaderamente sobre la bocina.

Una semana después del título de liga de la Real Sociedad, The Clash ofrecía un mítico concierto en el Velódromo de Anoeta (Donostia). A él acudían los hermanos Muguruza. Éstos, inspirados claramente por los británicos, formarían uno de los grupos más representativos del llamado Rock Radical Vasco: Kortatu.

Al ritmo de “Rudie can´t fail” y a pesar de la crudeza del clima político, cristalizada, entre otros aspectos, en la voracidad del terrorismo de ETA (93 víctimas oficiales en 1980; 41 en 1982; 44 en 1983, etc.), la Real ganó en Atocha su segunda Liga consecutiva, en este caso contra el Athletic. Así, el pueblo guipuzcoano encontraba en el fútbol la vía perfecta para celebrar públicamente su identidad y unidad, aplastada durante los últimos 40 años.

Athletic, símbolo nacional

100 kilómetros al oeste, en la capital de Bizkaia, los aficionados del Athletic Club compartían la alegría de sus rivales futbolísticos. Una rivalidad que, siendo sana todavía hoy, antaño rozaba el compañerismo. De hecho, apenas 5 años atrás, las plantillas de ambos clubes protagonizaban una de las imágenes más simbólicas de la Transición en Euskadi.

5 de diciembre de 1976, partido entre Real y Athletic. Franco había muerto en la cama hacía apenas un año, todavía no se habían celebrado elecciones, el estatuto de autonomía no existía y la Ikurriña, por supuesto, era un símbolo ilegal. Los capitanes de de la Real Sociedad (Inaxio Kortabarria), y el jugador más simbólico del Athletic, José Ángel Iribar, saltaban al terreno de juego agarrando cada uno la esquina de una Ikurriña. Simbología y respuesta política sin precedentes en el deporte.

En 1983 fue el Athletic de Clemente el que ganó la Liga. Fiesta nacional en Bizkaia. Un millón de personas se agolparon a la orilla de la ría para ver la gabarra. Unas semanas después, Bilbao (y otros pueblos) se inundaría, causando más de 30 muertos, 5 desparecidos y millones de pérdidas. Y es que nada tenía que ver aquella ría, o aquel Bilbao, con el de ahora. En vez del Guggenheim, el impoluto metro o los agradables paseos, hay que imaginarse un ambiente completamente industrial, contaminado y superpoblado.

La banda de punk Eskorbuto describía así aquel ecosistema con la canción Ratas en Bizkaia: “Mirarás al cielo y verás una gran nube sucia. No lo pienses, no lo dudes: Altos Hornos de nuestra ciudad. Mirarás las fachadas, llenas de mierda (…)”. A pesar de todo, la alegría futbolística continuaba en la capital vizcaína. El Athletic, con Goikoetxea, Dani o Sarabia como figuras, ganaba su segunda Liga consecutiva al vencer a la Real en San Mamés.

Una semana después, y ante la rabia de Maradona, el Athletic ganaba la final de Copa al Barcelona. Doblete. Gabarra, ría y fiesta. Meses después se vivieron los   enfrentamientos laborales que simbolizaron las amargas consecuencias de la desindustrialización.

Drogas, punk y goles

En 1984 un decreto del PSOE delineaba la “reconversión” del sector naval. El Astillero Euskalduna – en pleno centro de la ciudad- era una de las empresas más perjudicadas, con una radical reducción de plantilla. Como respuesta, los trabajadores ocuparon el astillero, alzando barricadas en el puente de Deusto. La tensión con la policía ascendió hasta convertirse en una verdadera batalla.

El 24 de noviembre de ese mismo año, la Policía Nacional dispara a los manifestantes con fuego real, hiriendo a un trabajador y resultando muerto otro por un infarto. La tensión, ahora en forma de duras negociaciones y huelgas, continuó. Muchos trabajadores se acogieron a un Fondo de Promoción de Empleo y, finalmente, unos años después, el Astillero cerró.

Otra de las consecuencias de aquel proceso de reconversión industrial y, en general, del explosivo cóctel de factores sociales que convergían en la Euskadi de los 80 fue la proliferación de la heroína. Aquella droga, brutalmente adictiva, fue especialmente popular en ambientes obreros, ligado en parte al movimiento punk. El Caballo causó miles de muertes, ejemplos representativos se encuentran en algunos de los grupos de “Rock Radical Vasco”. Los cuatro miembros de Cicatriz, por ejemplo, fallecieron por culpa de la heroína.

En lo futbolístico, el idilio de Clemente y sus leones con la gloria finalizaría, solo habiendo que añadir en los siguientes 35 años al palmarés del Athletic una Supercopa, la lograda en 2015. La Real daría una última gran alegría a sus aficionados. Fue en 1987 y, casualmente, vino precedida del último enfrentamiento copero entre Athletic y Real. Éste tuvo lugar en semifinales, ronda en la cual los donostiarras se impusieron y lograron el pase a la finalísima, contra el Atlético de Madrid. Ahí se alzaron con su segunda Copa del Rey.

Balance

Cuatro ligas, dos Copas del Rey y una Supercopa. Ese fue el balance final de la década de los 80 para el fútbol vasco. Desde entonces -33 años han pasado- solo ha llegado a Euskadi la Supercopa que obtuvo el Athletic en 2015. Los leones han vuelto a alcanzar a otras cuantas finales, con un saldo ciertamente negativo. La Real, por su parte, ni siquiera había llegado a ello. Hasta el 2020, cuando alcanzó la final de la Copa del Rey. Junto al Athletic.

Una final vasca –algo inédito- en el torneo más antiguo del fútbol español. Dos equipos que comparten historia y territorio, aunque sus relaciones futbolísticas hayan empeorado. Y, sobre todo, dos aficiones que, sabedores de la historia de sus clubes, entienden que se encuentran ante algo histórico.

Esta final iba a disputarse en Sevilla, el 18 de abril. La situación sanitaria, evidentemente, ha supuesto la cancelación del evento y quién sabe cuándo se disputará -si se disputa-. Hasta entonces, no está de más regodearse en la nostalgia de esos años que tantos logros futbolísticos trajeron y de cuya explosión cultural todavía hoy bebemos. No obstante, ese relato no debería hacernos olvidar que esos años 80 también fueron los de la crisis laboral; el terror y el terrorismo de ETA; la represión policial; las torturas; la guerra sucia o los problemas de drogas.

Memoria, justicia y goles.