El primero en la historia, el último en la actualidad

Según Eustat, el número de explotaciones agrícolas en la Comunidad Autónoma Vasca disminuyó un 1,7% entre 2013 y 2016

IRAITZ CASILLAS MUÑOZ

Son las 7 de la mañana. Suena el despertador. Jose Luis Casillas se levanta sin haber podido abrir los ojos del todo. Se viste y, casi sin desayunar, se dirige a la granja que tiene a pocos metros de casa. Les da el pienso a las vacas. Después las ordeña. Luego les da hierba. Y se va a repartir leche por Galdácano y pueblos cercanos. Vuelve y alimenta a los animales. Aprovecha antes de irse a comer él para hacer otras tareas en la granja. Vuelve a casa. Come y descansa una hora. Y, de nuevo, vuelve a la granja hasta las 8 o 9 de la noche. Así cada día de la semana, todas las semanas, durante casi 40 años. ¿Sus ganancias? 1.600 euros brutos al mes sin contar los gastos que suponen los animales. 

El primer sector o sector primario es el sector que se encarga de la extracción y obtención de materias primas, como la agricultura, la ganadería, la apicultura, la acuicultura, la pesca, la silvicultura o la explotación forestal. Es un sector necesario para la existencia del ser humano. Sin él no habría nada que llevarse a la boca. Pero, en este caso, necesario no significa valorado. 

Jose Luis Casillas, ganadero y agricultor galdacanés de 59 años, comenzó a trabajar en este sector por vocación, porque siempre le han gustado los animales y la naturaleza. Para Jose Luis los animales son como su familia. De hecho, él declara que hace un trabajo que siempre le ha gustado y que ve que otras personas que están en mejor situación económica no están contentas porque no hacen una profesión que les guste. 

Eric de la Cruz, ganadero y agricultor musquense que lleva 16 años dedicándose a este sector, también escogió su profesión por vocación. “De mí trabajo me gusta todo, las vacas, el ordeño, el cultivar y recolectar los forrajes, manejar maquinaria… Es un oficio que aún existe porque los cuatro tontos que quedamos estamos por vocación, aun sin tener apoyo alguno. Si no fuera por lo vocacional del sector, este ya no existiría, y, aun así, no tiene mucho futuro si no cambia rápido”, asegura Eric.

«El sector no tiene mucho futuro si no cambia rápido», Eric de la cruz, ganadero y agricultor.

Aintzane Urtubi, ganadera trapagarandara de 29 años, no escogió esta labor por vocación sino por obligación. Aintzane lleva desde los 11 años ayudando a su padre en la granja y por obligación terminó trabajando de ello además de estudiar para ser sanitaria. “Creo que no se valora la dedicación y el sacrificio que exige la profesión, es mucho más sacrificado de lo que se piensa, todo primer sector autónomo y familiar es muy sacrificado. Hay que valorar mucho más este oficio”, reclama.

Marian Muñoz, una exlechera galdacanesa de 57 años, renunció a su profesión hace 4 años después de 35 años trabajando en ello. Si bien es cierto que comenzó a trabajar de lechera para colaborar con su marido, el cual es ganadero, considera que más que un trabajo era una forma de vida diferente. Marian explica que se vio obligada a pluriemplearse y más tarde a abandonar su profesión por su situación económica, ya que era insostenible. Era imposible subsistir con el dinero que proporcionaba su trabajo y el de su marido. 

En el caso de Vanesa Vera, su labor no es ni ordeñar, ni cuidar animales ni sembrar, pero está también involucrada en este sector. Vanesa lleva 12 años trabajando como asesora de explotaciones ganaderas de Bizkaia. Además, monitoriza la incorporación de jóvenes al sector primario, acompañándolos antes, durante y después de la puesta en marcha del plan empresarial. Vanesa comenta cuál es su opinión sobre el primer sector: “La labor del primer sector no siempre es visible y reconocida. En esta época de pandemia ha quedado constatado que el primer sector cubre una de las necesidades básicas del ser humano: la alimentación. Es el punto de partida de cualquier economía. Pero no sólo eso, sino que, además, el sector primario juega un papel importante en la conservación de los ecosistemas”.

El sector en la pandemia

Durante la pandemia por el COVID-19, la mayoría de la población se vio obligada a dejar de trabajar para confinarse en sus casas. Pero hubo algunos sectores imprescindibles que siguieron trabajando por el bien común. Entre ellos se encontraba el sector primario, que no descansó ni un solo día. Aintzane cree que durante la pandemia se ha visto que es un sector esencial, pero que, como siempre ocurre, esto ha durado dos días, no se le ha dado ni más valor ni más visión al oficio.

La opinión de Eric y Marian difiere un poco de la anterior. Eric opina que el COVID no ha cambiado el valor que se le da a este sector: “La pandemia no ha cambiado el valor del sector, es más, el precio de la carne ha caído y el precio de la leche no ha cambiado. Han apoyado mucho a los sanitarios, camioneros y demás diciendo que estaban trabajando mucho en la pandemia, pero nunca se menciona al sector primario que lleva trabajando sin descanso y sin margen haya o no pandemia”. “Ha habido aplausos muy bien merecidos para otros profesionales, pero se ha obviado el riesgo que han corrido todos los días las personas que trabajan en este sector y, concretamente, los trabajadores que han tenido que vender su producto cara al público”, comenta Marian.

A pesar de estas declaraciones, el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación hizo público en diciembre de 2020 el índice de salarios de este año en el que aseguraban que los salarios del sector primario habían crecido un 1,80% respecto al mismo mes del año anterior. Asimismo, el conjunto de los trabajadores fijos cobró en su nómina un 2,31% más que en noviembre de 2019, mientras que el grupo de los trabajadores eventuales ganaron un 1,47% más.

Jose Luis recalca la importancia de su profesión en esta etapa: “Ha quedado demostrado durante la pandemia que somos un sector muy necesario, no hemos parado y hemos seguido abasteciendo el mercado para que no faltase en ninguna casa los alimentos necesarios”.

El abandono del sector

Dejando a un lado la pandemia, el primer sector lleva años sin estar bien. El número de personas que deciden dedicarse a su variedad de profesiones ha ido descendiendo año a año. Según Statista en un estudio sobre el número de trabajadores en el sector primario a nivel mundial, en 2009 había 995,8 millones de personas trabajando en este sector y en 2018 el número descendió a 889,4 millones de personas. Este estudio prevé que en los próximos años el número de trabajadores descienda considerablemente. 

“No hay una generación joven que decida seguir en el sector. Si tú ves a tus padres en un sector donde les cuesta muchísimo mantenerse y los beneficios son escasos, optas por otras profesiones”, expone Jose Luis. Vanesa secunda esta opinión comentando que es un sector bastante envejecido, en el que las condiciones de trabajo, el hecho de que se trabaje los 365 días del año, hacen que los jóvenes busquen otras alternativas de trabajo, con más tiempo libre y mayor calidad de vida.

Según Eustat, el número de explotaciones agrícolas en la Comunidad Autónoma Vasca disminuyó un 1,7% entre 2013 y 2016. Además, la Unión de Pequeños Agricultores y Ganaderos (UPA) indicó en enero de 2020 que en 2019 el número de granjas que habían renunciado a la producción de lácteos en España era de 680 ganaderías, lo que suponía el abandono de dos ganaderos al día. La UPA sostuvo que las renuncias estaban relacionadas con la subida de los costes y la baja rentabilidad. 

Así lo confirma Eric: “En BIFE (Asociación Frisona de Bizkaia) en el 2000 éramos 312 socios y ahora somos 80. Las demás explotaciones han desaparecido arruinadas o no ha habido relevo por parte de hijos al jubilarse sus padres por lo mal que veían el sector”.

El precio de sus productos 

Una de las grandes causas de la baja rentabilidad de este sector es el hecho de que los propios trabajadores no pueden poner el precio a su producto. Jose Luis comenta que el no poder poner el precio a su producto es lamentable, pero es un sistema utilizado desde el principio, imposible de cambiar porque entre ellos y el consumidor hay un intermediario que es quien se lleva el mayor beneficio.

Si se accede al boletín mensual de abril de 2021 del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, se puede comprobar el precio al que los trabajadores de este sector venden su producto. Por ejemplo, en este boletín se muestra que el precio de la leche correspondiente al mes de diciembre, el último disponible, es de 33,90€/100 litros, 0,339 euros el litro. El precio de los huevos clase M es de 0,72 euros la docena y el de los huevos clase L es de 0,82 euros la docena. 

Marian compara los beneficios con los gastos: “Todos los gastos que supone la producción de nuestros productos son mayores que el beneficio que nos dan. Nos pagan 0,34 euros por litro de leche y, por ejemplo, el kilo de pienso nos cuesta 0,56 euros, más el gasto que supone la producción de forraje para los animales, aparte de otros gastos como luz, agua, gasoil, inversión en maquinarias, veterinarios, …”. Eric apoya estas declaraciones añadiendo que los ganaderos tienen 10.000 o 12.000 euros invertidos por vaca de leche. Una granja de cien vacas tiene de media más de un millón de euros entre animales, maquinaria y pabellones… Aintzane añade una queja más a este asunto: “Es lamentable que teniendo producto y calidad en casa se traiga de otros países porque esto salga más barato que ayudar y cuidar lo que hay en casa”. 

“Es lamentable que teniendo producto y calidad en casa se traiga de otros países porque esto salga más barato que ayudar y cuidar lo que hay en casa”, Aintzane Urtubi, ganadera.

Ante todo este caos, el sector primario recibe anualmente ayudas de la Política Agrícola Común (PAC). Según indica el Fondo Español de Garantía Agraria (FEGA) este año el primer sector español ha recibido 512’7 millones de euros, de los cuales 4’8 millones de euros han sido destinados al País Vasco. 

“A pesar de que el primer sector recibe importantes ayudas económicas, dichas ayudas se están viendo recortadas en los últimos años y, al parecer, es la tónica que se va a seguir en la próxima reforma de la PAC”, puntualiza Vanesa. Jose Luis se muestra más crítico con estas ayudas: “Las subvenciones de Bruselas son una especie de limosna para sostener el sistema y sus propios beneficios políticos”. Aintzane se suma a esta opinión y considera que no hay motivación ni ayudas serias, solo hay exigencias y obligaciones, las ayudas económicas siempre son a cambio de algo.

“Las subvenciones de Bruselas son una especie de limosna para sostener el sistema y sus propios beneficios políticos”, Jose Luis Casillas, ganadero y agricultor.

Pese a este abandono al que está siendo sometido el sector primario, todos sacan una bonita conclusión de su profesión al preguntarles sobre qué es lo que más les gusta de ella. “Lo que más me gusta de esta profesión es el amor a los animales y la forma de vida que es totalmente diferente a la de las personas que viven en un sitio urbano”, resalta Marian. Aintzane recalca esta idea: “Es un trabajo en el que tienes «libertad» de horarios, naturaleza 100% y contacto con los animales. Es un trabajo muy bonito, a pesar de sus desventajas”.  Cada vez el mundo se moderniza más con nuevas tecnologías y nuevos modos de vida, pero, a pesar de ser un sector que está cayendo en el olvido, sus trabajadores se mantienen fuertes ante la arrolladora nueva actualidad para seguir ofreciendo a las personas alimentos que llevarse a la boca, entre muchas otras cosas.