Urkullu, caballito blanco

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Cuando alguien no sabe jugar al pilla-pilla, digamos, por ejemplo, el pequeño de los niños del grupo que juegan en el parque, nunca pierde. Nadie elimina al novel. Cuando somos aún puros por la edad, los novatos son respetados. Son caballito blanco. Los goles no cuentan. Si te mueves un poco, no quedas eliminado. Si te persiguen, lo hacen sin maldad, más despacio. Y si hay que elegir al próximo lehendakari, le votamos. Porque a Iñigo Urkullu se le perdona todo, porque Iñigo Urkullu no sabe jugar y es caballito blanco.

Zaldibar: crónica de la sepultura

El 6 de febrero se derrumba el vertedero de Zaldibar. Por la ladera se deslizan toneladas de escombros ocupando la AP-8. Toneladas de escombros y dos trabajadores: Alberto Sololuze y Joaquín Beltrán. Toneladas de escombros, dos trabajadores y amianto. Se detiene la recogida de los escombros y, por tanto, la búsqueda de dos hombres sepultados. Se detiene porque el amianto hace imposible el trabajo.

El Gobierno vasco también se mantiene desaparecido. Pero estos no están sepultados, están escondidos. Aparecen días después: el Lehendakari convoca elecciones.

Ante la crítica de los partidos de la oposición se encamina blindado hasta los dientes hasta el vertedero. Pasa por allí de puntillas. Seis días después. Sí, 6 días. Seis. Hace acto de presencia y se va como ha venido: sin ápice de compromiso. Antes de ello, ni un comunicado, ni un tuit, ni protocolo, ni comunicación con familiares de los trabajadores sepultados.

Josu Erkoreka, consejero y mano derecha de Iñigo Urkullu decide que es buena idea publicar en las redes sociales cómo ha conseguido subir al ochomil de Anboto. (¡Es usted un auténtico portento!). Humillante para Ermua, Eibar y sobre todo, para Alberto y Joaquín. Borra el tuit, pero lamordaza.com no os va a dejar huérfanos de ser testigos de esta infamia:

Erkoreka "preoupado" por dos trbajadores desaparecidos
Erkoreka disfrutando del medio ambiente vasco

ElECTORALISMO

El pueblo de Ermua se moviliza. El Gobierno vasco comienza a hablar de “accidente laboral”. Se descubren denuncias de meses anteriores donde se establecía la preocupación por un posible derrumbe. Las irregularidades sitian a Urkullu. Uno de los trabajadores atrapados ya había alertado en las horas previas de la avalancha ante la existencia de grietas y corrimientos. Pero Urkullu calla. Erkoreka señala las críticas como “carroñerismo”. La consejera de Medio Ambiente asegura que hasta entonces todo se hallaba en la “normalidad”.

Doce días después, Iñigo Urkullu pide perdón con la boca pequeña ante el Parlamento vasco.

«Mi madre vio con sus propios ojos que no hay ningún avance«, explicó la sobrina del desaparecido los días después de la tragedia. «Estuvo dos horas allí, no había nadie trabajando y solo cuentan con una máquina pequeña, ridícula para el volumen de escombros que hay que retirar», señalaba la sobrina de Alberto Sololuze.

Se conoce el 14 de febrero, 8 días después, que los vecinos de Zaldibar, Eibar y Ermua han estado respirando dioxinas y furano en cantidades de entre 40 y 50 veces más de las condiciones normales. 50.000 vecinos. Mientras, el Gobierno vasco aseguraba hace unos días que la calidad del aire era “muy buena”, con “parámetros normales”.

Oasis vasco, un espejismo

Mientras tanto, condenan al ex senador del PNV, Víctor Bravo, a 7 años de cárcel y pago de 3,1 millones de euros. El que fuera director de la Hacienda foral de Gipuzkoa de 1991 a 2003 había cometido, según los Tribunales, nada menos que tres delitos por fraude fiscal a través de una empresa inmobiliaria. Un caso aislado, claro.

Pero echemos la vista atrás: Alfredo de Miguel, Koldo Ochandiano y Aitor Tellería, antiguos miembros de la Ejecutiva alavesa del PNV, irán a prisión un máximo de 9, 6 y 6 años, respectivamente por el mayor caso de corrupción conocido en Euskadi. La cúpula ‘jeltzale’ alavesa entre rejas. Pero Urkullu se pronuncia (tarde): «Por muy altos cargos esas personas, su actuación no puede vincularse a un partido político con una trayectoria intachable». Otro caso aislado. Urkullu, caballito blanco.

¿Y si volvemos al presente? El alcalde de Llodio, Ander Añibarro (PNV), contrató en siete ocasiones en medio año, todas sin concurso, al grupo Montai. Adjudicaciones fraudulentas. Resulta que la empresa Montai pertenece a un compañero del partido, Aitor Elorza. El Lehendakari también se ha pronunciado, claro. Dice que la sentencia «no es firme» (¡Ah! esto ya nos suena, señoría). También dice que esta corruptela forma parte de “comportamientos particulares» y no del partido. Vuelta a empezar. Una oveja negra. Un sapo. Un caso aislado.

Elecciones a la vuelta de la esquina

No pasa nada. Iñigo Urkullu es caballito blanco. Según la encuesta realizada por el Ente público vasco (EITB), el PNV consolidaría su fortaleza con 32 escaños (de los 28 de las anteriores elecciones) El PSE-EE pasaría a ser la tercera fuerza con 12 escaños (de 9), EH Bildu se mantendría en segunda posición ganando uno o dos escaños, hasta 19. El crecimiento de PSE-EE lo pagaría Elkarrekin Podemos (Podemos, IU, Equo, aunque no concurrirán juntos estos últimos) bajando a 8 o 9 escaños (de los 11 que posee). Por último, PP descendería hasta los 5 ó 6 escaños (teniendo ahora 9). Sin contar aún con el 0,7% que se le otorga a Ciudadanos, que podría confluir con la fuerza popular. Vox no obtendría representación en la cámara vasca.

Los datos recogidos están basados en el trabajo de campo hasta 4 de febrero, por lo que Zaldibar no se ha hecho notar en las estadísticas. Pero, ¿y De Miguel?

Urkullu no sabe jugar a la gallinita ciega a pesar de que lo que mejor hace es estarse quieto. Demasiado quieto. Olvidando a dos trabajadores bajo toneladas de escombros. No sabe jugar, nadie va a dejar que pierda al juego de la lehendakaritza. Urkullu, caballito blanco, quiere volver a jugar.