Unai Mateo, la cotidianidad y el arte parida

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Unai Mateo es el fotógrafo de la cotidianidad. Su feed de Instagram, portfolio siglo XXI, es una oda a la repetición de encuadres, ángulos, escenas, protagonistas y bodegones. Pero, pensándolo de nuevo, ninguna de sus fotos puede leerse del mismo modo que la anterior. Por mucho que las superpongamos y sean, físicamente, similares, siamesas o, yendo más allá, clonaciones no coetáneas en el tiempo, no hay dos iguales.


Unai Mateo es azul un trimestre, amarillento dos semanas y blancos y negros el resto del año. Sus fotos rezuman un constante frío húmedo propio del xirimiri/zirimiri/chirimiri bilbaíno, propio del paraguas roto londinense. Unai Mateo, o mejor dicho @unaimateo, es fotografía intacta: retrato, autorretrato, patios interiores y calzadas mojadas. Pero también hay otro tipo de foto en su trabajo: detrás de las cámaras, eventos, pasarelas. Y vídeo. Escribe guiones y dirige cortos. Incluso algún comercial. A todo ello, puede acceder haciendo clic, clic.

«Lo habré fotografiado todo cuando ya no pueda mirar». El fotógrafo bilbaíno no sabe hacer otra cosa que sentenciar-nos. Sus fotos bien podrían ser, a veces, obituarios.