Análisis del debate a 5

Debate a 5

Entretenimiento ayer por la noche en las cadenas estatales. Cinco hombres de indumentaria elegante, con corbata al cuello, se dieron cita a las 22.00 en el Palacio de Cristal de la Casa de Campo de Madrid. Las expectativas eran altas, sobre todo en las redes sociales, ya que tras los debates de abril se esperaba un show que a nadie pillaría de imprevisto. Además, en esta ocasión con un nuevo invitado, Santiago Abascal.

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Apenas seis días distaban de los comicios generales y más que captar nuevos votantes, cada candidato quiso atar a los fieles. Las encuestas siguen dando unos resultados similares a las elecciones de abril que a priori no desbloquearía la situación política, y con este pretexto se jugó. Iglesias llegó en un taxi conducido por una mujer y Abascal en VTC. Los detalles parecían cuidarse desde el minuto 0, cada gesto podía valer oro, o en este caso, voto. 

Los candidatos se posicionaban en los atriles.

Se abordó en primer lugar el tema estrella, Cataluña. Y primera declaración de intenciones con la que Pedro Sánchez parecía querer contentar a la derecha. El presidente en funciones aseguro su intención de incorporar al Código Penal la prohibición de celebrar referéndums ilegales. Un comentario que invita poco al diálogo y la negociación amistosa. Por su parte el “trifachito” mostró el discurso de dureza que pretenden aplicar a la autonomía catalana. Pablo Iglesias en cambio, aseguró que se estaba jugando a ver quién aplica la medida más dura.

El segundo bloque del debate fueron las medidas económicas que fundamentalmente se basaron en el diferente modo de distribución de los impuestos. Entre subir o bajar los impuestos a los más ricos surgió el nombre de Amancio Ortega, que Pedro Sánchez utilizó para criticar al líder de Podemos y evidenciar su distanciamiento. Por otra parte descubrimos que Albert Rivera es altamente multifuncional ya que aseguro que es funcionario, autónomo y lo que haga falta. Abascal por su parte repitió hasta la saciedad la supresión de las autonomías para ahorrar, España es una y no cincuenta y una.

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Se habló de igualdad. Sí, hablaron de igualdad 5 hombres. No, no había ninguna mujer en el debate. Abascal abrió la caja de Pandora y de ella brotó lo más casposo y machista de la sociedad española. Que la Ley de Violencia de Género no protege a la mujer y además fomenta las denuncias falsas. Si bien todo se puede mejorar, esperemos que no caiga en sus manos esa labor. En los temas sociales se jugó al “y yo más”, yo aplico x y tú no, yo defiendo lo otro y tú no. El líder de Vox no se cortó, vertió varios datos falsos en contra de los inmigrantes y afirmó su propuesta de crear un gran muro en la frontera subsahariana. Sabe que cuantos más datos de en contra de los inmigrantes (sean falsos o verdaderos) más fomenta la xenofobia y más electorado descontento va a conseguir.

Las demás cuestiones fueron un pupurrí de lecturas que cada uno se trajo preparada de casa. Solo Pablo Iglesias supo amoldarse a las preguntas de los moderadores y proponer soluciones dando una imagen de sobriedad comunicativa. Abascal también destaco en este ámbito, de una manera rotunda y autoritaria, como sus propias políticas. Sánchez salió a la defensiva y pareció buscar durante toda la noche una respuesta entre sus papeles. Casado se mantuvo en un segundo plano, mas moderado que en abril, sabiendo que para mejorar el peor resultado del PP no hacia falta mucho. Y por último Rivera, ay Rivera, luego hablaremos de él.

 EL MOMENTO ESTRELLA DE LA NOCHE

Pensábamos que los que menos se tocarían serían Abascal e Iglesias, pero estos dos fueron los que más se picaron. «A mi usted no me va a dar ninguna lección de ser español», respondió Iglesias a unas acusaciones. Tras esta primera toma de contacto Iglesias arremetió denominándolo “extrema derecha” y acusándolo de volver a los “miedos del pasado”. Entonces fue cuando el ambiente se caldeó: «Usted a mi no me va a dar lecciones de democracia, señor Iglesias, porque yo he estado en el País Vasco luchando contra ETA», le espetó Abascal, a lo que Iglesias replicó: «Mire señor Abascal, nuestra candidata al Senado por Barcelona ¿sabe cómo se llama? Rosa Lluch». (Rosa Lluch es hija del exministro Ernest Lluch asesinado por ETA)

EL MOMENTO PATÉTICO DE LA NOCHE

Más que un momento fue una persona: Albert Rivera. Tras el ridículo video de los días anteriores con el perrito, apareció en plató con una maleta. Y surgió la magia. Comenzaron a brotar objetos magníficos, el más destacado, un adoquín de Barcelona. Imaginaos a Albert haciendo palanca debajo de su casa para arrancar un trozo de piedra. Pero no fue lo único, también saco diversas papeletas, carteles, panfletos… llámenlo como quieran. El día que pierda esos nervios característicos suyos quizás el show sea hasta bueno.

Rivera sacó un adoquín en el debate.

En resumen, un paripé para tenerte pegado al televisor. Un espectáculo bochornoso que no te ayuda a decidir el voto. Sé que visto lo visto no tienes ganas de volver a votar, que solo han demostrado ser unos verdaderos inútiles. Pero si algo queda claro es que tus derechos y los míos están en peligro, que los fascistas ya están en el congreso y que si el domingo te quedas en casa quizás te arrepientas durante los próximos 4 años.  


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