Señor Google, ¿me devuelve los datos que yo he aceptado que registre?

“No, envíame el documento por correo electrónico, qué es más rápido”, responde mientras despide con una sonrisa la videollamada que está haciendo por Instagram. En menos de un minuto tiene un nuevo mensaje en su bandeja de Gmail. Tras comprobar que la información es correcta, replica con un mensaje instantáneo vía WhatsApp: ¡Gracias, Laura! “Gracias a ti”, responde Google ¿Google?

“¿Estás seguro de que vas a llevar a Laura a ver esa película?”, se pronuncia del techo una voz robótica. “Será mejor que vayas al cine ubicado a 2,3 kilómetros de tu casa, dónde ponen la última de Amenábar y encima Laura estudia Historia, le gustará”, finaliza la voz misteriosa mientras le recuerda que la lavadora ya ha terminado.

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Lo saben todo sobre nosotros. Incluso más que tú sobre ti mismo. ¿Qué cenaste hace dos semanas? ¿Hace cuánto no le envías un mensaje al amigo que hiciste de vacaciones? ¿Recuerdas lo qué pasó cuando estuviste inconsciente? ¿No lo recuerdas? Pídele la información a Google, la voz misteriosa que todos conocemos, él te ayudará. Da miedo. Mucho miedo. Nosotros aceptamos que Google, y demás compañías, recolecten nuestra información en la red y para tu sorpresa, nos “cobran” de manera indirecta. Estás pagando por usar Google, y sin sacar la cartera.

Nuestra información vale millones de euros, literalmente. En el año 2014 Mark Zuckerberg desembolsó más de 19.000 millones de dólares (más de 15.000 millones de euros) por la compra de WhatsApp, y no por los emoticonos o por los vídeos graciosos -graciosos- que envían al grupo “Familia”, sino por los datos de más de 450 millones de usuarios (actualmente más de 1700 millones). Además, Zuckerberg es dueño de Instagram o Facebook. Lo controla todo, y si no que levante la mano quién no haya usado nunca una de estas tres apps.

Pero, ¿realmente tienen valor económico nuestros datos, nuestros movimientos o los mensajes que intercambiamos con amigos? La respuesta es muy sencilla: , y mucho. Los correos electrónicos `extraños´ -que tú has aceptado- que recibes o las llamadas a intempestivas horas de la madrugada no son casualidad. Tus datos vuelan por todas las redacciones, extra-extra. Además, nuestra identidad digital, es vendida junto a cocaína o armas en el mercado negro. Según el artículo sobre el valor de nuestros datos del diario “El Comercio”, nuestros datos cuestan alrededor de 1000€ en los lugares más opacos de la red.

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Me hace especial gracia que la gente continué sorprendiéndose de: “¡Tío, he buscado viajes a Marruecos y ahora, en la publicidad, solo me salen ofertas de vuelos!”. Ahora te planteo yo una cuestión: ¿has leído los términos y condiciones de cualquier plataforma de Internet? No, padre. Y, otra pregunta: ¿Leíste el contrato del banco, aunque fuese por encima? Sí, padre. Podría añadir más información en este párrafo, pero prefiero que reflexionéis sobre lo que aceptas en Internet.

Google no te roba, tú aceptes que lo haga. En el extenso contrato de términos y condiciones todos, por pereza, buscamos como agua en el Sahara el botón de continuar. Usar Google o WhatsApp no es gratuito. Cuando un producto es gratis, tú eres el producto. Os invito a que os planteéis la siguiente cuestión: ¿Por qué cuando una persona te ofrece algo gratuito desconfías y cuando lo hace una plataforma digital no?

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