Tú no tienes la culpa del cambio climático (a no ser que dirijas una multinacional)

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Por Tomás Ferreira (@Dureden_)

Este verano ha empezado, como hemos podido comprobar en los termómetros y en nuestro propio cuerpo, con altísimas temperaturas, debido a una ola de calor que ha azotado Europa. De hecho, este junio se han alcanzado temperaturas récord en España, con temperaturas de hasta 43,3ºC en Zaragoza, 42,5ºC en Teruel y 42ºC en Lleida. Aun así, parece que esta vez no llegaremos a las extremas temperaturas de la ola de calor de 2003, que causó la muerte de más de 35.000 personas en Europa. Sin embargo, esta no es la única consecuencia de estas olas, ya que también aumenta el riesgo e intensidad de los incendios, además de afectar a las especies que viven en estos ecosistemas. ¿Qué está pasando? ¿Será que compramos demasiadas bolsas de plástico? Dile a tu vecina la del tercero que es su culpa todo esto: de su consumo y no de la gran producción

Estas olas de calor son una manifestación visible de las consecuencias del cambio climático (se estima que, tal y como ya ocurre, aumente la cantidad y la intensidad de las olas de calor con los años), aunque también hemos de ser conscientes de que el cambio climático va mucho más allá, con consecuencias como el aumento del nivel del mar y el derretimiento de los polos, la evaporación total de mares interiores y lagos, mayor extinción de especies, etcétera.

Para enfrentar este cambio climático producido por el ser humano, hemos visto y vemos constantemente campañas de gobiernos, ONGs o grandes empresas que abogan por el cambio de hábitos a nivel individual para reducir de esta manera el nivel de contaminación. Sin embargo, si investigamos un poco, vemos que la mayor parte de los residuos y la emisión de elementos contaminantes provienen directamente de las grandes empresas.

Por ejemplo, en el caso del agua, solo un 10% es consumida en los hogares, frente a un 65% consumida por los sectores agrícolas y un 25% por la industria. Es decir, por mucho que a nivel individual nos esforcemos en ahorrar agua, solo servirá de algo si el 90% restante (es decir, las empresas) hacen lo mismo.

En el caso del plástico vemos que son precisamente las grandes multinacionales que abogan por el esfuerzo individual para luchar contra el cambio climático las que más contribuyen a la contaminación de los océanos con plásticos de un solo uso, siendo más del 65% de estos deshechos producidos por, entre otras, Coca Cola, Pepsi y Nestlé. Además, el 91% del plástico que se produce no se recicla. Si sumamos esto al hecho de que puede tardar más de 400 años en degradarse, creo que podemos entender rápidamente cómo es que los océanos y algunas costas se están convirtiendo en cementerios de plásticos. 

El problema, por tanto, no es únicamente individual.

En cuanto a las emisiones de gas de efecto invernadero (GEI), solo un centenar de empresas son responsables del 71% de las emisiones globales desde 1988. El problema, por tanto, no es únicamente individual. Claro que hemos de cambiar hábitos, pero lo que debe cambiar ante todo es la manera de producir, esto es, el sistema productivo. Si seguimos dejando la producción a la iniciativa privada y al libre mercado no habrá nunca incentivos para tomar medidas en contra del cambio climático, ya que el único objetivo de las empresas es la maximización del beneficio, y por tanto llegamos a un equilibrio de Nash en el que hay más incentivos para no cooperar en la lucha contra el cambio climático (por sus grandes costes) y seguir produciendo tal y como se está haciendo hoy en día, que para cooperar y enfrentar de manera efectiva este problema.

Creo que es momento de recapacitar sobre la compatibilidad de este sistema productivo con la crisis climática y su papel en la misma, y analizar la falta de planificación y el gasto excesivo de recursos.

Siempre apuesto por dar una visión amplia a los problemas, porque es así como realmente los podemos llegar a comprender. Mas si se trata de un problema literalmente global, esta visión es esencial. Es por esto por lo que si solo sabemos mirarnos el ombligo para ver cómo podemos ayudar, por mucho que demos de nosotros mismos, nuestra contribución será prácticamente nula y no podremos cambiar nada precisamente porque no hemos sido capaces de ver cuál es la causa primera que da pie al cambio climático y por tanto no podremos tomar medidas realmente eficaces para luchar contra él. Podremos dejar de consumir la bolsa de plástico del súper, pero no frenaremos la producción que realmente influye en esta emergencia mundial.

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