El cáncer y la réplica de la humanidad

Un artículo de Erik Paco, estudiante de Bioquímica y biólogía molecular, @niniaful

Casi todos conocemos el temido término, y, sin embargo, ignoramos sus características más allá de la maldad intrínseca que parece rezumar. La palabra “cáncer” engloba un conjunto de enfermedades, todas ellas relacionadas por el proceso de división celular acelerado, normalmente asociado a una masa de tejido, tan ampliamente conocido como tumor.

La encarnizada lucha contra el cáncer no podemos atribuírsela a nuestra generación. La verdadera revolución no empezaría hasta que Watson y Crick, científicos y gracias a Rosalind Franklin, propusieran el famoso modelo de la hélice doble del DNA a principios de la década de 1950. Para simplificar, diremos que en esta molécula guarda nuestra información, una especie de planos maestros para construirnos desde cero.

Con todo esto en mente, quiero hablar del presente y del futuro de la lucha contra el cáncer. En concreto, voy a explicar el funcionamiento de la tan rechazada quimioterapia, para después poder entender una técnica más avanzada. Esta última técnica, llamada CAR-T, ha obtenido especial relevancia estas últimas semanas, ya que ha conseguido salvar la vida de un niño alicantino que padecía leucemia linfoblástica aguda, un tipo de cáncer especialmente peligroso ya que se desarrolla en las células sanguíneas.

Quimioterapia: cuando todo lo demás falla

Las quimioterapias o terapias químicas surgieron alrededor de 1940 con la intención de usar diversas moléculas para tratar el cáncer. Si bien al principio estas moléculas podían consistir en químicos no farmacológicos como el gas mostaza, el mismo agente químico de amplio uso militar, su desarrollo implicó el descubrimiento de fármacos más específicos.

La mayor diferencia entre una célula sana y una tumoral, es que estas últimas tienen una capacidad de replicación superior. Para llevar a cabo este fenómeno, la célula usa cierta maquinaria, consistente en su mayoría en proteínas. Por ejemplo, antes de dividirse una célula debe replicar su DNA, para que así las células hijas puedan cada una llevar la misma carga genética que su célula madre. Ahora, si encontramos un fármaco capaz de atacar esta maquinaria, queda claro que dañaremos mucho a estas células tumorales. Pues bien, este es el principio lógico que siguen algunas de estas quimioterapias, bloquean los mecanismos de replicación.

Pero, ¿qué hay de los efectos secundarios? Bueno, como acabo de explicar, los fármacos que se utilizan en quimioterapias actúan sobre todo en las células que más rápido se replican, pero, hay un problema, quitando las células tumorales, de esas tenemos unas cuantas. Sin ir más lejos, las células epiteliales, las de la piel, también poseen esta característica y por ello, también son dañadas por la misma regla de tres. Este es el principal motivo de algunos efectos secundarios como los vómitos y diarreas o la caída del cabello.

“Si encontramos un fármaco capaz de atacar esta maquinaria, queda claro que dañaremos mucho a estas células tumorales”

Por suerte, también existen dianas moleculares mucho más específicas, como es el caso de algunas leucemias, donde la precisión del fármaco es tal que los efectos secundarios no suelen ser muy agresivos. Esto no suele ser la norma, y para mayor inri, no son terapias curativas en su mayoría, son terapias dirigidas a estabilizar el cáncer, a mantenerlo en un estado de remisión.

Pero, ¿y si pudiéramos decirle al cuerpo, a nuestro propio sistema inmune, cuales son las células tumorales?

CAR-T: educando a tu propio sistema inmune

En su base, la inmunoterapia basada en células CAR-T (“chimeric antigen receptor T lymphocytes”) consiste en extraer células del sistema inmune del propio paciente para después poder añadirles, mediante ingeniería genética y proteica, unos receptores específicos. Estos receptores son capaces de detectar células tumorales del mismo paciente, de modo que una vez que la nueva célula inmune detecte el tumor, ésta manda el aviso para poner en marcha el resto de mecanismos del sistema inmune. A partir de aquí no son necesarias mayores intervenciones, el sistema inmune se encarga de la eliminación del tumor así como de la reparación de los daños ocasionados.

Aun así, esto no deja de ser una simplificación. Cada paso del protocolo recién explicado implica una miríada de pequeños ajustes o desviaciones de lo esperado, a lo que tenemos que sumar el gran costo actual de este tipo de terapias personalizadas; unos 350.000 euros en España a día de hoy.

A las CAR-T todavía les queda unos retoques finales para su uso a gran escala. Para que nos hagamos una idea, los el diseño de los receptores irán ya por su 3ª o 4ª generación, y eso teniendo en cuenta el poco recorrido médico que tienen.

Queda claro la necesidad de profundizar la investigación en este tipo de terapias, ya que podríamos estar casi al alcance de una cura; solo necesitamos dar el último estirón. Y ya no se trata solo de eso, sino que también es primordial la investigación básica, aquella que se lleva a cabo sin fines prácticos inmediatos. ¿Cuánta gente debe morir de cáncer para darnos cuenta de que estamos ante un problema de salud mundial de máxima prioridad?

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