Imanol Zubero, sociólogo: “Esta realidad nos debería llevar a reconocer la vulnerabilidad compartida”

Imanol Zubero

lamordaza.com está financiada por tres estudiantes de Periodismo de la UPV/EHU y los gastos nos dejan tiritando. Caen nuestras notas académicas. Nuestras familias nos echan de menos. Son muchas horas tecleando. ¿Nos invitáis a un café con una donación? Aquí te dejamos nuestro Ko-fi. ¡Gracias!

«ESTA REALIDAD NOS DEBERÍA LLEVAR A RECONOCERLA VULNERABILIDAD COMPARTIDA, A RECONOCER QUE TODAS Y TODOS NECESITAMOS CUIDAR Y SER CUIDADAS, QUE SOMOS ESENCIALMENTE IGUALES ANTE ESTA ENFERMEDAD», dice Imanol Zubero.

Imanol Zubero (1961) es doctor en Sociología (Universidad de Deusto, 1991) además de profesor titular en la UPV/EHU. Autor y coautor de numerosos artículos y libros sobre sindicalismo, nuevas tecnologías y movimientos sociales (entre otros temas). Ha participado y apoyado organizaciones sociales en el ámbito del antimilitarismo y la paz en el País Vasco. Zubero ue uno de los promotores de la plataforma Gesto por la Paz. Además de haber sido senador del PSE-EE por Vizcaya desde abril de 2008 a septiembre de 2011.

El confinamiento parece haber despertado una solidaridad espontánea en gran parte de la población y ha animado a crear redes vecinales en apoyo de las personas más vulnerables ¿Es esto algo pasajero o un germen que puede derivar en un modelo distinto de sociedad? ¿Qué opina Zubero?

Yo creo que no puede considerarse un germen, porque la mayoría de esas redes ya estaban actuando desde hace años en barrios y pueblos. Por eso, tampoco son tan espontáneas. Son, por tanto, más bien un fruto maravilloso que surge de una densa trama de iniciativas sociales que existían y actuaban mucho antes del confinamiento, y que seguirán actuando cuando este acaba. Por eso tampoco son algo pasajero. Lo que más me interesa es colaborar para que ese entramado de solidaridades salga reforzado de esta situación. En este sentido, es verdad que el contexto de crisis por la pandemia puede servir para visibilizar la imprescindible tarea que desarrollan las redes vecinales y sociales, y que en situaciones de “normalidad” muchas veces son ignoradas.

El confinamiento también ha despertado o ha potenciado numerosas señas de un individualismo enorme (Los policías de balcón, acopio de bienes de primera necesidad, trampas para burlar el confinamiento, etc.) ¿Que pesa más la solidaridad o el individualismo? ¿Cuál sería la cara real de nuestra sociedad?

Es verdad que estamos viendo ambos tipos de comportamientos. Pero si en nuestra sociedad pesara más el individualismo que la solidaridad, la competencia que la cooperación, simplemente no existiría sociedad. Cualquiera que reflexione sobre su experiencia en el seno de cualquier agrupación humana, ya sea una familia, un grupo de amigas y amigos, una asociación vecinal, un club de montaña, lo que sea, se dará cuenta de que para que estas realidades sociales existan hace falta que la gran mayoría de quienes las componen actúen desde criterios que van más allá de su interés privado.

Si estamos en una de esas agrupaciones y cada día tiramos de calculadora para ver lo que hemos sacado, lo que hemos ganado, qué beneficio hemos obtenido, simplemente acabaríamos dejándolo. Son otras las motivaciones que permiten que los grupos y las sociedades funcionen: el amor, el afecto, la solidaridad, la empatía, el sentimiento de justicia, etc. Es como en una cuadrilla: puede haber alguna persona que sea un poquito “gorrona”, algo más agarrada que las demás; pero si todas o la mayoría de las personas que la componen actúan como gorronas, se acabó la cuadrilla.

Las nuevas tecnologías y métodos de comunicación a examen (teletrabajo, clases online, etc.) ¿Están siendo efectivas? ¿Van a dar lugar a una reestructuración del trabajo que hasta ahora tenía la presencialidad como algo indispensable y ahora se está realizando desde casa?

Yo creo que estamos en fase de prueba, pero de prueba en serio. Lo del teletrabajo no es ninguna novedad. En los años 70, coincidiendo con la crisis del modo de producción de aquella época asociada a la crisis del petróleo, y coincidiendo también con la primera expansión de la microelectrónica, se empezó a reflexionar sobre las ventajas de llevar el trabajo a dónde están las personas trabajadoras, en lugar de obligar a estas a ira a donde está el trabajo. Pero aunque no se ha dejado de teorizar sobre ello, hasta ahora no se han puesto en práctica políticas que lo impulsen.

Sabiendo que tiene bastantes problemas, como son el aislamiento de la persona que trabaja en su casa o la indiferenciación de los tiempos de trabajo y los tiempos propios. Pero también muchas ventajas: evitar la concentración de la población en las ciudades y facilitar la residencia en áreas rurales, disminuir los desplazamientos en vehículos privados, reducir y repartir el tiempo de trabajo… Sería muy importante que sindicatos, empresas y gobierno evalúen lo que ha supuesto esta experiencia de teletrabajo para poder adoptar políticas que lao promuevan.

El suspensión de todos los sectores económicos (salvo los esenciales) ha llevado a muchas personas a la cola del paro ¿Cuál va a ser el papel que van a jugar los sindicatos cuando concluya el estado de alarma?

No sé cuál va a ser su papel, pero sí sé cuál debe ser: luchar para que nadie se quedé atrás. Fíjate en la paradoja en la que estamos: ahora que afrontamos una situación económica delicadísima, con reducciones de la productividad nunca vistas, nos hemos puesto a sacar dinero de donde parece que antes no había para impulsar una renta mínima, para contratar personal sanitario, para evitar despidos mediante ERTEs, etc. Que es lo que hay que hacer, claro que sí; eso y muchas más cosas: ahí está el drama del sinhogarismo, la mercantilización de las residencias de mayores, la brecha educativa y tantas otras.

Pero la paradoja a la que me refiero es que si nos planteamos estas políticas cuando estamos en situación de crisis (cosa que, por cierto, no hicimos en 2008), ¿por qué no continuamos con ellas, mejoradas y aumentadas, cuando la economía va bien? Creo que los sindicatos y, en general, las organizaciones sociales progresistas, tienen que ser capaces de constituir un poder sociopolítico que sea capaz de blindar para todas y para siempre los derechos sociales fundamentales que recoge la Constitución.

El Presidente Pedro Sánchez el sábado, 4 de abril, lanzaba el siguiente mensaje «Europa debe poner en pie una economía de guerra y promover la resistencia, la reconstrucción y la recuperación europea» ¿Qué opinión le merece a Imanol Zubero el uso de terminología belicista en una crisis como la actual? ¿Con qué fin se utiliza?

Me parece absolutamente rechazable. No tanto la idea de “economía de guerra”, que puede ser hasta interesante. Al fin y al cabo, ha sido en contextos de economía de guerra cuando los gobiernos han tomado decisiones que parecen imposibles en sociedades capitalistas, contraviniendo el sagrado dogma del libre mercado: intervención de los precios (como se hace ahora con las mascarillas), cambios en los procesos de producción de las empresas para fabricar productos de primera necesidad (dejar de hacer coches para hacer respiradores, por ejemplo), suspensión del carácter privado de algunas propiedades para ponerlas al servicio de la sociedad (control de residencias de mayores o de hospitales privados)…

Otra cosa es el uso permanente de lenguaje y de imágenes militares. Seguramente, en el caso de Sánchez, se explica en parte como un intento de tapar la boca a la derecha política; pensaría que si sale todos los días en la tele rodeado de policías y militares, el PP y Vox matizarían sus críticas. Pero esto no funciona, y acaba transmitiendo un mensaje contraproducente. Esto no es una guerra y no somos soldados, sino ciudadanas y ciudadanos libres e iguales.

En esta ocasión (permíteme el vocabulario belicista) el enemigo es invisible y la alteridad es un posible nosotros, como el caso de los zombies, es decir, nosotros somos posibles portadores ¿nos hemos convertido en un otro-monstruo? ¿Qué consecuencias sociales puede acarrear, profesor Zubero?

Me gusta ese guiño que haces al género zombi, del que me confieso seguidor. Es curioso que en la serie The Walking Dead, considerada como una versión posmoderna del zombi clásico, a diferencia de lo que ocurre en las tradicionales novelas o películas de zombis, para que alguien se transforme en muerto viviente no es preciso que un zombi lo muerda: basta con morir, aunque sea por causas naturales, para que nos convirtamos en zombis.

Pero Zubero, ¿cuál es el mensaje?

El mensaje es que todas y todos llevamos un zombi dentro. En este sentido, es verdad que cualquiera podemos estar afectados por la COVID-19; incluso sin saberlo, sin manifestar síntomas. Recordemos que al principio de todo se decía que solo afectaba a personas muy mayores o con otras enfermedades. Pues no, puede afectarnos a cualquiera. Esta realidad nos debería llevar a reconocerla vulnerabilidad compartida, a reconocer que todas y todos necesitamos cuidar y ser cuidadas, que somos esencialmente iguales ante esta enfermedad…

Pero me temo que hacemos como en la serie: aunque yo lleve un zombi dentro, mientras no se manifieste, mientras yo esté bien, leña a todos los zombis con los que me cruce. Hemos visto cómo se rechazaba cobardemente a vecinas y vecinos que trabajan en hospitales y supermercados, o cómo algunas poblaciones costeras se lanzaban a la caza del turista. En el fondo, seguimos pensando que “el virus son los otros”. Y me preocupa que esta idea lleve a un endurecimiento aún mayor de las políticas de inmigración y de refugio.

Para finalizar, nos gustaría saber qué tal lleva un mendizale el confinamiento y si estás aprovechando para empezar o retomar algún proyecto personal o profesional. Y si das alguna recomendación de libro/película/disco a nuestros lectores, para sobrellevar el encierro. Anímese, profesor Zubero.

Pues la verdad es que no poder salir a la montaña, como acostumbro a hacer cada fin de semana y, sobre todo, no haber podido hacerlo durante las vacaciones de semana santa, es una de las cosas que peor llevo del confinamiento. La otra es la imposibilidad de compartir encuentros, charlas y risas con amigas y amigos. Pero, por lo demás, no lo llevo mal. La docencia no presencial ocupa mucho tiempo, hago las compras para casa, también para mi ama y mis suegros, cocino… Para lo que estoy aprovechando es para leer con un poco más de intensidad.

Me cuesta recomendar solo un libro, pero entre los que he leído estos días destacaría “Algo en lo que creer”, de Nickolas Butler (Traducción de Álvaro Marcos. Libros del Asteroide). En cuanto a películas, la última que vi en el cine fue Joker, la verdad es que me impactó. Y un disco… El reciente fallecimiento de Aute me lleva a recomendar cualquiera de sus obras, pero por señalar una propongo su disco de 2010 Intemperie, que además puede escucharse íntegramente en internet. Atención a su canción “Atenas en llamas”, compuesta al inicio de la crisis de 2008 tras la muerte de unos estudiantes en una manifestación en la capital griega.

Gracias, profesor Zubero.

A vosotros.