¿Patxi Ruiz es un preso político?

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El pasado 10 de junio Patxi Ruiz acabó con una huelga de hambre que duró 31 días. Durante esos días se han visto diferentes movilizaciones y actividades a favor del preso vasco. La lucha de Patxi ha traído la amnistía a la boca de algunos y otros han optado por plasmarlo en las paredes. Batzokis, sedes del PNV, sedes de Podemos, una herriko de Bilbao, la casa de Idoia Mendia…  la pintura roja se ha fusionado con la palabra “asesinos” para denunciar la situación de Ruiz.

Patxi Ruiz representa el ala más dura de la izquierda abertzale y su huelga de hambre ha provocado una notoria reacción en Euskal Herria. A finales de verano, el preso vasco expresó su indignación por las represalias sufridas tras haber abandonado la disciplina que marca Sortu y el Colectivo de Presos de ETA. “Sortu lo que pretende con esos pasos es invisibilizar la disidencia, invisibilizando al preso”, se quejaba en una conversación recogida por el medio Voz Populi.

Fractura en la izquierda abertzale

La izquierda abertzale está fracturada y las pintadas en la sede de Sortu lo confirman. Ruiz acusó en 2016 a los dirigentes de ETA de “liquidacionistas” y de llevar a cabo una campaña de acoso contra el movimiento Amnistía ta Askatasuna (ATA). Esto le costó un aviso de ETA, que le ordenó silencio y disciplina para su posterior expulsión en 2017. Además, Ruiz explicó a una amiga que Sortu había dejado de brindarle apoyo económico, político y jurídico. El preso señaló a Sortu y Etxerat, plataforma de apoyo a los presos y las familias.

El veto del Colectivo de Presos y de Sortu hacia Patxi ha generado malestar entre algunos sectores que se han negado a dar la espalda a Ruiz. El preso ha encontrado apoyo en ATA, que ha ejercido estos días como portavoz del recluso. A pesar de que Sortu ha levantado el veto y ahora ofrece su apoyo a Ruiz, no ha convencido al ala más radical.  

¿PRESO POLÍTICO?

La petición de amnistía llegó hasta la casa de Idoia Mendia. Sus paredes fueron bañadas de color rojo y los pasquines llamaban a Mendia y al PSOE asesinos. Una política llamada asesina para pedir la libertad de un preso “político” encarcelado por asesinato, curiosa paradoja. Y es que, ¿es posible denominar a Patxi Ruiz como preso político?

Para algunos, sin duda, Ruiz es un luchador y defensor de la libertad de Euskal Herria. Para muchos otros, en cambio, no pasa de ser un asesino. Y es que, a los de las pintadas se les olvida (o quieren olvidarse) que, en el año 1998, Patxi Ruiz junto a otros dos miembros de ETA, asesinó a tiros a Tomás Caballero, exalcalde de Iruña. Un asesinato atroz que, claro está, no cambió el devenir de Euskal Herria.

La denominación de “preso político” es tan controversial que rara vez nos ponemos de acuerdo. En este caso, algunos justifican la lucha armada con un fin político y por ello, sus “gudaris” se convierten en presos políticos. Si bien es cierto que algunos actos de ETA se pueden comprender en el contexto socio-histórico bajo una dictadura franquista, un asesinato contra un político local en democracia, no es ninguna acción política. Tomás Caballero fue asesinado cuando era concejal de UPN en Iruña, dejando una mujer y cinco hijos.

Patxi Ruiz cuenta con el apoyo de ATA, una escisión de Sortu que aglutina a los contrarios con el fin de la violencia y la disolución de ETA. Por ello, no es de extrañar que hayan aprovechado esta oportunidad para volver a las calles. Una forma de actuar que la mayor parte de la población vasca ni entiende ni comparte. Estos son los “nostálgicos” que Euskal Herria no quiere aguantar.

Patxi Ruiz está preso. Y es vasco. Por lo tanto, es un preso vasco. Pero, ¿político? Si matar a tiros a un concejal es una acción política para liberación e independencia de Euskal Herria, es un preso político. Si es un asesinato a sangre fría, es un preso vasco. Yo lo tengo claro, ni los asesinos de Tomás Caballero ni los de Miguel Ángel Blanco son presos políticos. Patxi Ruiz no es autor de un gesto democrático y libertario, Patxi Ruiz es un asesino. Manifestarse por él es un derecho, pero llamar asesinos a los políticos por no amnistiar a un preso (con delito de sangre), es una paradoja.