Jesús también son los padres

Es Navidad. No queda mucho para el día de Reyes. Por ello, vamos a hablar sobre el gran secreto de estas fechas. El tema tabú. El relato que, aunque todos sabemos que es mentira, sustenta parte de las celebraciones navideñas. Ese milenario cuento que transmitimos a los niños y que tratamos, casi por inercia, de que no descubran la verdad. En efecto, como ya os habréis imaginado: hoy vamos a hablar de Dios.

Guía para un debate religioso en España

La manera que tendremos de acercarnos a la cuestión religiosa, aprovechando estas fechas navideñas, no será a través de lo eclesiástico (la Iglesia), ni de lo histórico o lo político, sino desde lo ideológico. Hablaremos de la religión como conjunto de ideas. Cabría preguntarse de qué religión. La respuesta es que cualquier religión podría ser objeto de estos párrafos, pero utilizaremos la religión católica como paradigma, por motivos obvios. Una última aclaración, imprescindible, es la de que no se pretende ofender los sentimientos de ninguna persona creyente.

Vivimos en un país en el que actualmente la apología del nazismo está permitida, mientras que, bajo el artículo 525 del Código Penal de nuestra consolidada democracia liberal (nótese la ironía), se condena el ‘escarnio’ hacia los sentimientos religiosos. Por eso es imprescindible la aclaración anterior, por la censura vigente.

La fecha navideña y el «Jesús histórico»

Hoy, 25 de diciembre, se celebra la natividad de Jesucristo, nacido hace 2020 años en Belén, casualmente el mismo día del Nacimiento del Sol Invicto que celebraban los romanos. Bueno, contémoslo bien. En realidad, se copió la fecha. Cuando se empezó a festejar la Navidad no se conocía exactamente el día del nacimiento de Jesús. Es más, no se tiene siquiera una certeza concluyente sobre la existencia del ‘Jesús histórico’.

Que no se malinterprete, la mayoría de estudiosos de este tema consideran que Jesús existió como personaje histórico, pero no hay evidencias arqueológicas sobre ello, solo escritos referidos a su persona (la inmensa mayoría, cristianos).

La Navidad no es de los creyentes

Antes de centrarnos en lo religioso y dejar a un lado la cuestión de la Navidad, aclararemos algo que muchos cristianos desconocen: la Navidad no es suya. No solo los romanos, sino que germanos y escandinavos, aztecas o incas también celebraban fiestas y nacimientos de dioses por estas fechas. La explicación para la creación de todos estos relatos es natural: el solsticio de invierno, no el nacimiento de ningún Dios.

La Navidad no es un acontecimiento cristiano. Osease, el argumento de “si tan ateo eres por qué disfrutas de las vacaciones de Navidad” es sencillamente muestra de ignorancia. En primer lugar, como acabamos de indicar, las vacaciones de invierno no son creación divina. En segundo lugar, las vacaciones pagadas de invierno las disfrutamos todos y todas porque las consiguió el movimiento obrero en los años 30 y tras la Segunda Guerra Mundial. Quizá quienes tendrían que renunciar a ellas por principios históricos deberían ser otros.

La fe contra la razón

Bueno, dejemos la Navidad, solo era una excusa para poder hablar en el día de hoy sobre las ideas religiosas. Abramos el melón. Primero hablemos de los argumentos esgrimidos desde la religión. Algunos criticarían las siguientes líneas por intentar analizar la religión, que correspondería al mundo de las ideas (en términos platónicos), a través de la razón y desde el mundo terrenal. Esta forma de proceder de la que se nos acusa, la que utiliza la razón, se denomina método científico y la utilizamos desde la Modernidad, impulsada por la Ilustración.

Los creyentes están en lo cierto cuando afirman que la elección de la razón como método es eso, una elección. Podríamos añadir más, es un posicionamiento político. Pero este posicionamiento no es en base a gustos u opiniones infundadas, como pretenderían hacer creer los creyentes más formados. Es una elección entre invención o conocimiento. Entre mito o logos. Sombras o luces. Fe o razón. Y, como decía la paradójica frase que da título al famoso cuadro de Goya: “El sueño de la razón produce monstruos”.

Es lo que tiene intentar reflexionar o conocer: que hay que utilizar algún método, alguna herramienta; hay que utilizar lo que ya sabemos, convertido provisionalmente en axioma, para llegar a aquello que no sabemos. Dejando, eso sí, abierta la puerta a refutarlo todo, para que la razón no se convierta en una nueva fe. Es justo por los resquicios de esta definición básica del pensamiento científico por donde se cuelan siempre las ideas religiosas, agarradas a la falta de conocimiento de la humanidad, criticando al propio método o, incluso, a quienes lo llevan a cabo.

El truco de la religión

La religión cuando habla de sí misma es axiomática: la verdad de Dios es así y punto, ten fe en ella. Sin embargo, cuando habla de la razón o la ciencia es relativista: no lo sabéis todo, no sois quiénes para alcanzar algunas respuestas o no podéis demostrar que Dios no existe.

Y es justo en esta frase en la que se sustenta la pervivencia actual de las religiones “no podéis demostrar que Dios no existe”. La religión vive de la ignorancia, del hueco que deja un conocimiento todavía no descubierto. La religión rellena ese hueco con una invención y, una vez rellenado, defiende la trinchera. Ahí está el juego: yo no tengo que demostrar que mi invención es verdad, sino que tú tienes que demostrar que es mentira.

Existe una larga lista de argumentos identificados como falaces por la disciplina de la lógica y este es uno de ellos. ‘Falacia ad ignorantiam’ es el nombre que recibe este argumento utilizado constantemente por la religión. Y es precisamente esta falacia la que han desmontado sátiras como el pastafarismo (que defiende la existencia del Monstruo de Espagueti Volador ya que nadie puede demostrar que no existe), la tetera de Russell o el Unicornio Rosa Invisible.

Este es el truco de la religión, desplazar la carga de la prueba hacia la persona que diga que Dios no existe. Cuando quien tiene que probar algo es quien afirma que sí existe.

La Biblia y los otros textos religiosos

Hemos hablado muy en abstracto en este breve contrapunto a los argumentos filosófico-religiosos habituales y es que, realmente, en concreto no se puede debatir. No se puede debatir entre dos personas, que defienden una la fe y otra la razón, sobre palomas progenitoras, muertos que resucitan o agua que se convierte en vino.

Como ya hemos comentado: no se comparte un mismo marco. Además, el peso de la evidencia ha hecho que la mayoría de (en este caso) cristianos dejen de creer en muchas de las historias concretas que vienen recogidas en la Biblia. Se ha empezado a tratar a los textos religiosos como ‘metáforas’ en lugar de como textos literales. Para salvar los muebles.

Ha sido la evidencia científica, que ha salido victoriosa, uno de los factores que ha obligado a esta recogida de cable. A que ya no haya apenas anti-evolucionistas, por ejemplo. Pero también el avance mismo de las sociedades ha provocado que a la religión le interese desdibujar sus textos sagrados o, incluso, ocultarlos. Aquí se da algo curioso (que afecta también al judaísmo): el Antiguo Testamento no se puede ‘interpretar’ ni tratar como una ‘metáfora’. Hay libros integrados en esta parte de la Biblia que son, literalmente, instrucciones, no relatos. He ahí lo de “ocultar”.

Barbaridades que ocultar en la Biblia

A lo mejor muchos creyentes son capaces de hacer seguidismo de los argumentos actuales de la Iglesia y defender que lo de Adán y Eva era una metáfora. Pero es más complicado que cuando una de estas personas creyentes se entere de que Dios le dijo a las mujeres que “desearás a tu marido y él te dominará” (Génesis 3:16) lo defienda diciendo que es una metáfora. O simplemente lo defienda…

Es complicado también readaptar pasajes como en el que Dios nos cuenta que “Si alguien se acuesta con un hombre como si se acostara con una mujer, se condenará a muerte a los dos, y serán responsables de su propia muerte, pues cometieron un acto infame” (Levítico 20:13). Esto por escoger 2 de las decenas de barbaridades recogidas en la Biblia. Y dejaremos para otro día la cantidad de asesinatos aleatorios y sin sentido que Dios realiza a lo largo de los pasajes bíblicos.

Es obvio que, teniendo este envejecer tan malo, gran parte de los textos religiosos sean objeto de ocultación por la mayoría de creyentes formados. Si muchos creyentes no muy informados leyesen algunos de estos pasajes a lo mejor se replanteaban la religión que, en teoría, siguen. Pero, como hemos dicho, no estamos aquí para hablar sobre lo concreto de una religión, sino sobre las religiones en general y como ideología.

Sacar la religión de nuestras sociedades

Por suerte muchas de nuestras sociedades han superado la interpretación literal de los textos religiosos, cuestión que no era así hace pocos años. Además, centrándonos en el caso de España, los católicos practicantes son minoría. El 65,3% de la población no acude ‘nunca o casi nunca’ a actos religiosos según el CIS de marzo de 2020, algo impensable hace cuatro décadas. La doctrina religiosa pierde fuerzas a velocidad acelerada.

Todavía hay camino por andar, la mayoría de la población se sigue declarando creyente. Aunque muchas veces obedece ya a cuestiones más ligadas a un «creo en algo» o a un «llámalo energía» que a religiones organizadas. No es sencillo eliminar las ideas religiosas de golpe de nuestro imaginario, ya que gran parte de nuestra historia está influenciada por la religión católica, al igual que por el islam o la cultura grecolatina.

Eso sí, hemos visto que en cuanto a la práctica España ya no es católica y, en cuanto a la creencia, el catolicismo está en mínimos históricos. Según el barómetro del CIS de junio de 2020, el 61% de la población se declara católica, casi un 30% menos que hace apenas 42 años. Mientras, la categoría de ‘ateos, no creyentes, indiferentes o agnósticos’ se sitúa en el 36,4%, máximos históricos, más de un tercio de la población. Además, si algo confirma la tendencia hacia la abolición de la religión, son los datos por edades: entre los jóvenes ya ganan con diferencia los no creyentes. En las dos franjas inferiores a 34 años los no creyentes representan el 57,2% y el 62,5%.

Alternativa humanista

Cada vez más personas optan por no bautizar a sus hijos, por no casarse (o hacerlo por lo civil) o, incluso, por apostatar (cancelar el bautismo/salirse de la Iglesia) ayudándose de portales como apostatar.org.

La tendencia es clara: ir sacando poco a poco la religión de nuestras vidas. Pero la alternativa es la gran incógnita. El horizonte cultural que sustituya a la religión no debe ser neoliberal e individualista, pues podría ser peor el remedio que la enfermedad. Sino que es momento de buscar relatos culturales basados en ideas más humanistas y de apoyo mutuo.

Al fin y al cabo, la religión surge del miedo, la incertidumbre y la soledad. Por ello, la alternativa es construir, no ya en lo cultural, sino en la raíz de nuestras sociedades un futuro colectivo, basado en lo común. Los cuentos sobre otros mundos surgen de la frustración con las miserias que hay en este. Los cuentos solo desaparecerán completamente cuando las hagamos desaparecer.

 “El sufrimiento religioso es, en uno y al mismo tiempo, la expresión de sufrimiento real y una protesta contra el sufrimiento real. La religión es el suspiro de la criatura oprimida, el corazón de un mundo descorazonado, el alma de una condición desalmada. Es el opio de los pueblos.

«La abolición de la religión como ilusoria felicidad del pueblo es la demanda de su verdadera felicidad. Para llamarlos a abandonar sus ilusiones sobre su condición es hacer un llamado para renunciar sobre su condición que requiere de ilusiones. La crítica de la religión es entonces, en embrión, el criticismo de ese valle de lágrimas del cual la religión es su santa aureola”.

Karl Marx. Contribución a la crítica de la filosofía del derecho de Hegel.